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Los rascacielos porteños ya no son una
rareza en el tejido urbano, se integran en
el paisaje y miran la Ciudad desde lo alto.
Cada vez son más las torres que se acercan a
las nubes con medidas espectaculares, que
alcanzan los 170 metros. Desde "el cielo",
sus habitantes son testigos privilegiados
del horizonte. El río y la traza de las
avenidas cobran otra dimensión desde estos
miradores panorámicos. La tendencia va en
alza. El concepto de "torres country" está
despuntando por barrios diversos.
Si bien se
concentran en Palermo y Puerto Madero, los
emprendimientos que ofrecen numerosos
servicios adicionales también llegaron a
Colegiales, Núñez y Barrio Norte, cambiando
la fisonomía urbana.
Se trata de tipologías
arquitectónicas que tuvieron excelente
aceptación entre el vecino porteño y el
inversor extranjero.
Los brokers dicen que
las obras venden hasta el 40% de los
departamentos desde el momento en que se
presentan en sociedad. Los pisos altos que
cotizan desde los US$ 2.000 y trepan hasta
penthouses de U$S 4.000 el m2 ya coparon el
mercado. En Puerto Madero se están
levantando la torre Repsol YPF (160 metros),
dos torres más del complejo Le Parc, el
edificio Mulieris (dos torres de 160 metros)
y el Chateau Puerto Madero (47 pisos). Y en
Palermo, las Torres de Bulnes (140 metros y
40 pisos).
"Las ciudades son organismos
vivos, mejor que crezcan hacia arriba",
analiza el arquitecto Justo Solsona, cuyo
estudio está a cargo de las imponentes
Mulieris, dos torres de 160 metros que se
están construyendo en el Dique 1 de Puerto
Madero. Con una inversión de US$ 60 millones
edificarán 6.200 m2.
Muchos vecinos ponen el
grito en el cielo cada vez que un coloso
nuevo se entromete entre las calles.
Es el
caso de Beatriz T., una profesora de música
de Palermo Hollywood, que se queja: "Cuando
terminen las obras, me van a tapar el sol",
dispara. En cambio, Judith Balbo,
diseñadora, cree que "cuando toda la línea
de edificios que están construyendo sobre
Juan B. Justo estén listos vamos a tener un
barrio más seguro e iluminado. Yo estoy
esperando que se revalorice mi departamento
para venderlo a buen precio", especula. En
este sentido, Gustavo Esses, uno de los
arquitectos que proyectó las torres
Mirabilia en Juan B.Justo y Soler (el
terreno de las ex bodegas Peñaflor), le dijo
a Clarín que "las torres están en la mitad
de una manzana de un barrio deteriorado,
signado por galpones abandonados. Vamos a
dejar 9 mil metros libres, un pulmón verde
para el barrio".
Además de la sombra, el
viento y el movimiento de aire a nivel
peatonal que generan es otra de las contras.
"Para el viento hay soluciones
arquitectónicas", calma los ánimos Solsona y
cree que la Ciudad no va a perder su
identidad: "No hay que ponerse
extremadamente sentimental. A Buenos Aires
hay que leerla como una metrópoli".
Otros
que protestaron, a principios de mes, fueron
los vecinos de Caballito que se movilizaron
para impedir que se construyan edificios
altos en zonas residenciales. Pero más allá
del negocio, o la tendencia es el actual
Código de Planeamiento urbano, vigente desde
1977, el que determina alturas, establece
zonificaciones y otorga permisos y
licencias. "La altura de las torres tiene
que ver con el tamaño del terreno: cuanto
más grande, mayor posibilidad de construir
hacia arriba", explica Juan Manuel Borthagaray, arquitecto que participó en el
Master Plan de Puerto Madero aprobado por el
jurado, que puso como tope un techo de 160
metros (aunque después vienen las salas de
máquinas y antenas, en muchos casos). Así,
en un terreno de 2 mil m2, se pueden
edificar 6 mil en una zona con FOT (factor
de ocupación total) 3, por ejemplo.
¿Cuál es
el límite? "Está dado por la prudencia. Más
allá de los 35 pisos las cosas se empiezan a
complicar un poco en cuanto a estructuras y
tiempos de obra. Lo que rige es el sentido
común", reconoce el urbanista.
La tentación
y los avances tecnológicos muchas veces
impulsan a los desarrolladores a crecer un
poco más. Es el caso de las Torres Renoir,
el emprendimiento de Puerto Madero Arrancó
con un proyecto de 40 pisos para la segunda
torre, pero después se agregaron 10 más,
llegando a una cima de 170 metros. "Quisimos
aprovechar al máximo el FOT disponible",
apunta Sergio Bianchi Bolzán, integrante del
estudio Robirosa, Beccar Varela y Pasinato
arquitectos.
Un repaso por la historia de
la edificación porteña marca la década del
60 como bisagra. En esa etapa se modificó el
anterior Código, que dio los primeros
permisos para construir en altura.
En 1906
el Congreso Nacional era el punto más alto
de referencia aéreo, con sus 85 metros. Un
siglo después la marca se duplica con
ladrillos que le dan nombre a las torres.
Los que ya fueron destronados
La historia arranca en 1894, cuando se abrió
la Avenida de Mayo. El edificio de la época
fue el del diario La Prensa —actual Casa de
la Cultura— que en 1898 deslumbró con 55
metros, según el libro Rascacielos Porteños.
Pero las Galerías Güemes, en 1915, con sus
87 metros obligaron a quien pasara por
Florida 165 a levantar la cabeza para
apreciar el faro que existió durante un
tiempo.
En 1923 el primer puesto pasó a otro
edificio emblemático, el Palacio Barolo.
Concebido por Mario Palanti, tampoco le duró
mucho el reinado. En 1935 llegó la mole más
alta de Latinoamérica, el Kavanagh, en
Florida 1065. Así, inauguró una nueva
generación de rascacielos, influenciados por
la estética del cine americano.
Hoy, junto a los edificios Comega
(Corrientes 222) y Safico (Corrientes 456)
integra la tercera generación de rascacielos
porteños, sólo seguidos por las
construcciones actuales.
Arquitectura de la densidad
Un rascacielos es el resultado de la
arquitectura de la densidad. En ciudades
cada vez más pobladas, la solución es ir
hacia arriba. Aunque eso no quiere decir que
no sigan creciendo en sentido horizontal.
Las torres concentran además servicios y
buscan sumar calidad de vida, son como
countries sin tanto verde pero en altura. Y
suman un entorno: en este caso, la
insuperable vista rioplatense. En el siglo
XVIII, las cúpulas y campanarios de las
iglesias eran las que más se acercaban al
cielo. Hoy la abandonada Torre Espacial del
parque Interama, es el techo con 200 metros.
Tal como están las cosas, ahora la pelea por
llegar alto la juegan cabeza a cabeza, las
viviendas para todos los días, pero
suntuosas y exclusivas.
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