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NOTAS
Eco arquitectura
 
 

Arquitectura orgánica.
Formas libres, variedad y riqueza de materiales

 

Se trata de una cautivadora tendencia que deriva del funcionalismo o racionalismo ofreciendo obras más jugosas, humanas y personales.

 
 

La arquitectura orgánica constituye una actitud cultural peculiar y autónoma, cuyos signos se manifiestan antes, durante y después del periodo racional. Es una filosofía de la arquitectura que promueve la armonía entre el hábitat humano y el mundo natural. Mediante el diseño busca comprender e integrarse al sitio, los edificios, los mobiliarios, y los alrededores para que se conviertan en parte de una composición unificada y correlacionada.

Es significativo que para hablar de arquitectura orgánica deba siempre tomarse como referencia el parámetro racional. Los arquitectos orgánicos sostienen así su tendencia, y tratan de poner en duda la tradición del pasado como la de lo moderno. Aparecen en la escena internacional culturas más jóvenes, como la Americana y la Escandinava.
La arquitectura orgánica actúa contra el modelo clásico y racional.
El organicismo no se ha realizado en el plano lingüístico porque, al rechazar todo tipo de clasificaciones, sistematizaciones, no ha sido capaz de ofrecer un léxico ni una metodología operativa mediante un cuerpo de postulados aceptados y transmisibles.

Cuando la arquitectura orgánica se inserta en la crisis del racionalismo, al final de la segunda guerra mundial, propone una mayor libertad geométrica, la recuperación de los valores individuales y una modalidad de intervención urbana tan diferente de la ciudad del siglo XIX como de la racionalista, cuando señala el desarrollo regional como el único modo de resolver la congestión de la metrópolis. Desde el punto de vista lingüístico la arquitectura orgánica aparece más como una tendencia del gusto con formas libres, ángulos diferentes de 90º, variedad y riqueza de materiales, un naturalismo mimético, que como un código estilo.
Puede considerarse surgido con la revolución industrial, formando parte del sector de discrepancia que acompañó siempre al desarrollo tecnológico.

El estilo orgánico es un movimiento arquitectónico que se deriva del funcionalismo o racionalismo y que puede considerarse promovido fundamentalmente por los arquitectos escandinavos en la década 1930-40 y por el arquitecto americano Frank Lloyd Wright. El movimiento o. acepta muchas de las premisas del racionalismo, como son la libertad de planta, el predominio de lo útil sobre lo meramente ornamental, la incorporación a la arquitectura de los adelantos de la era industrial, etc., pero procura evitar algunos de los errores en que cae el racionalismo y aportar nuevos valores a la arquitectura.

Erik Gunnar Asplund en Suecia y a Alvar Aalto en Finlandia; podrían considerarse como los principales propugnadores de esta corriente.

Una de sus ideas principales es una mayor preocupación por la vida del hombre. Se mira más al hombre, al que ha de servir la arquitectura, que a la propia arquitectura. La atención del arquitecto no debe limitarse a las estructuras y a la disposición de los ambientes, sino que debe extenderse a los problemas psicológicos y vitales del hombre.

Se trata de una nueva conciencia de los espacios internos: aunque la arquitectura racionalista propugna una adaptación de los volúmenes a las necesidades de planta, esos volúmenes están dominados por un estilo cubista, de formas tetraédricas, en las que se encajan las necesidades, buscando además con ello una simplificación estructural y constructiva. Asplund, Aalto y sus escuelas comienzan por el estudio de los ambientes, de los recorridos, de los movimientos del hombre y llegan a la creación de los espacios que consideran más indicados, a los que se les proporciona una envolvente apropiada. Las soluciones técnicas y estructurales deben ceñirse a esos espacios, dando lugar normalmente a formas más complicadas, no repetidas, económicamente más costosas y difíciles de industrializar. En este aspecto, el organicismo abandona uno de los postulados del racionalismo, creando en cambio, cuando es bien interpretado, realizaciones más jugosas y humanas. Las obras de los grandes arquitectos orgánicos son mucho más personales y difíciles de imitar, y es, por tanto, más propio hablar de un planteamiento que de un estilo en arquitectura.
Como obras maestras de la arquitectura podemos citar la biblioteca de Viipuri (1930) y el pabellón finlandés en la Exposición de Nueva York de 1939, ambos de Aalto; la ampliación del Ayuntamiento de Goteborg (1937) de E. Asplund, y la casa de Taliesin West, en Arizona, de F. Lloyd Wright.

La casa de Taliesin West. La preocupación mayor del americano Fran Lloyd Wright (1859-1969) era la armonía entre la construcción y la naturaleza a su alrededor.

Shell House es una casa diseñada por el arquitecto japones Kotaro Ide construida en el 2008 en Karuizawa (Japón). Es un ejemplo muy atrevido e innovador de la arquitectura orgánica. Se trata de una escultura rodeada de bosques, una casa verde sacada de un sueño.

Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York de Frank Lloyd Wright está considerado uno de los iconos de la Arquitectura del siglo XX.

La casa de la Ópera de Sidney. El sistema constructivo fue diseñado por Utzon y Arup y siguió unos principios de gran originalidad para su época.
El edificio tiene una estructura orgánica muy famosa en forma de ‘velas’ con azulejos blancos. La ópera tiene una sala grande para conciertos, una sala para ópera y otras salas más pequeñas. Es un emblema de la ciudad y su edificio más fotografiado.

 
 
 


 
FUENTE: AESCALA.COM
 
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