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Como ocurre con algunos términos de la
historia del arte, la palabra minimalismo ha
pasado de nombrar un movimiento a
convertirse en adjetivo. De la misma manera
que lo barroco y lo rococó se convirtieron
en voces sinónimas de lo cargado y lo
sobrecargado, lo minimal designa hoy aquello
que es sobrio y contenido.
John Pawson es, para muchos, el guru de la
arquitectura minimalista.
Autor del libro Minimum -que recoge en
imagenes su ideario estético-, este
británico asegura responder con su obra y su
vida al concepto que desprecia lo
irrelevante como camino para enfatizar lo
importante. Su ropa, sus muebles y su
estudio de Londres transmiten una aparente
austeridad que ha llevado a Pawson a
rediseñar no sólo tiendas para Calvin Klein,
galerías de arte, viviendas y hasta un
monasterio cisterciense en la República
Checa -"llevé a los monjes a mi casa y me
preguntaron si no sería demasiado austero
para ellos"-, sino también mantas, mesas,
bandejas y últimamente un libro sobre
cocina; también minimalista naturalmente.
PREGUNTA: Muchos
edificios son hoy minimalistas y, sin
embargo, muy pocos arquitectos admiten esa
etiqueta.
RESPUESTA: A la gente le molesta las
etiquetas porque todos tenemos conciencia de
nuestra individualidad. La palabra ha
cuajado en la cultura popular y, tal vez por
eso, algunos se muestran reticentes ante
ella. Los arquitectos aprenden de
estructuras, de diseño, pero no sienten,
necesariamente, implicaciones emocionales
con lo que están haciendo. Para mí la
arquitectura forma parte de las preguntas
que me hago como individuo. En la vida trato
de reducir las cosas, de simplificar, y lo
mismo hago como arquitecto.
P: ¿Si el
minimalismo es esencialidad y reducción, se
trata de algo nuevo o de algo que ha
existido siempre?
R: Las dos cosas. Es nuevo porque vivimos
en una sociedad muy nueva. Nunca hemos
estado tan ocupados ni nos hemos movido tan
deprisa ni hemos tenido tantas cosas. El
artista Michael Landy hizo hace poco una
obra en la que catalogaba todo, todo lo que
tenía, desde los libros hasta los calcetines
o las sillas, y lo destrozaba. Se deshizo de
todas sus pertenencias, incluidos sus
propios cuadros y su pasaporte. Tenía 7.004
cosas y se quedó sin nada.
P: ¿Por qué?
R. Para explorar la dependencia de vivir
en una sociedad de consumo, para tratar de
entender lo que las cosas significan para
nosotros. Para saber lo que es no tener
nada. No quiero decir con eso que todos
tengamos que pasar por esa fase, pero está
claro que tenemos demasiadas cosas. La
mayoría de ellas innecesarias y algunas
molestas. Hace cien años la gente no tenía
7.000 cosas, se vivía con 70.
P: ¿Y se vivía
mejor?
R: En muchos sentidos sí.
P: ¿No cree que
Barragan o Siza ya eran minimalistas antes
de que se acuñara el término?
R: Sin duda comparten algunas de las
características, pero también las compartía
Mies van der Rohe. El minimalismo es una
etiqueta que permite diferencias
individuales. Yo trato de hacerlo todo de la
manera mas sencilla posible. Tengo pocas
posesiones y pocos amigos. Valoro mas la
calidad que la cantidad y tener menos
confiere libertad. Eso puede parecer
contradictorio. Barragan tenía mucho dinero,
clientes ricos y una vida de abundancia.
P: ¿Y usted no?
R: Yo la tuve, pero me deshice de ella.
Se necesita dinero para muchas cosas: tener
una oficina, comer, educar a tus hijos, pero
se puede vivir sin nada mas que eso. En
determinado momento de mi vida renuncié a
mis posesiones para empezar de nuevo.
Paradójicamente, si uno tiene una educación,
familia y vocación, el dinero termina por
volver. Luego me casé, tuve hijos y volví a
necesitar dinero. Es una cuestión de
prioridades.
P: Para los
minimalistas de hoy, ¿qué es mas importante,
la herencia arquitectónica del Movimiento
Moderno o la de los artistas del minimalismo?
R: Siempre me he sentido más inclinado
hacia el arte que hacia la arquitectura. La
inspiración está asociada al arte y tal vez
los precedentes, a la arquitectura.
P: Al contrario
del Movimiento Moderno, que defendía un
ideario social -viviendas dignas para todos-
con un resultado arquitectónico concreto
-geometrías sin ornamento, relación entre
interior y exterior del edificio-, el
minimalismo parece carecer de ideología.
R: Se trata de un movimiento
evidentemente elitista, pero en eso radica
su fuerza. Poca gente puede tener un espacio
minimalista, pero a la vez poca gente podría
vivir en un espacio así. En Inglaterra
sabemos bastante de elitismo y de
antielitismo. Se suponía que la cúpula del
milenio que proyectó Richard Rogers iba a
gustar a todo el mundo; pero no le gustó a
nadie. Los arquitectos debemos hacer nuestro
trabajo lo mejor posible y no preocuparnos
por el mercado. Las cosas buenas terminan
por gustar a todo el mundo. El arte tiene
que vivir al margen de las preocupaciones
sociales.
P: ¿El
minimalismo es el estilo de la falta de
imaginación?
R: Es muy difícil hacer buena
arquitectura minimalista. Cuando termino un
proyecto por lo general no quiero que nada
lo decore. La luz y la textura de un espacio
pueden ser una obra de arte.
P: ¿Al limitar un
vocabulario arquitectónico es mas fácil no
cometer errores?
R: Es mas fácil ser discreto. Pero es mas
difícil no equivocarse ya que cualquier
error resulta mucho mas visible.
P: ¿Alguna vez ha
sentido la tentación de trabajar de otra
manera, de utilizar el color, las curvas?
R: Me gusta mucho visitar otros
edificios, y ver las casas de otras
personas, tumbarme en sus sofás. En mi casa
no tengo sofa porque ocuparía demasiado
espacio y eso me molestaría.
P: Además de la
falta de confort, los espacios minimalistas
parecen carecer de memoria.
R: La comodidad no es sólo un sofá
mullido, la mala iluminación puede resultar
muy incómoda. Si tienes expuesta la foto de
tu madre y la ves cada día, llega un momento
en que dejas de verla. Si buscas la foto de
tu madre cuando la recuerdas le dedicas más
atenci¢n cuando la miras. El minimalismo es
un poco eso: frente a vivir rodeado de
retratos, elegir cuando quieres ver la foto
de tu madre.
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