De un lado se verá algo semejante al
distrito financiero de Nueva York, y del
otro, uno de los puertos y fábricas de
automóviles más grandes y el mayor astillero
del mundo, cosas que no se pueden encontrar
en Nueva York, explica Wu Zigfried Zhiqiang,
que tiene a su cargo el diseño del proyecto
de la Exposición Mundial 2010,
emprendimiento que motoriza el cambio de
esta ciudad portuaria del siglo XIX hacia el
emporio del posmodernismo del siglo XXI.
Shanghai fue la número uno de China, y sigue
siendo el experimento más original de
urbanismo moderno, pero según los
conservacionistas, lo que la hizo tan
especial el siglo pasado será la causa de su
destrucción: perderá con relación a la
textura y vibrante vida comunitaria, y
ganará por lo deslumbrante de estos
proyectos futurísticos, en forma de agujas
espiraladas o rascacielos cúbicos. En
Shanghai, como en el resto de China, donde
la mayoría de las medidas se toman por
decreto, estas cosas pueden producirse con
asombrosa rapidez, y se estima que para la
época de la Exposición Mundial, en 2010,
sólo el 5% de los barrios antiguos que
existían en 2003 seguirá en pie.
El criterio de garantía de conservación es
altamente restrictivo, reduciéndose a varios
cientos de edificios, en una ciudad de 18
millones de habitantes distribuidos en doce
distritos; una de las privilegiadas zonas es
el ex barrio de la concesión francesa, que
agrupa a gente de buen nivel adquisitivo.
Una de las zonas que enfrentarán pronto su
fin es la costa norte del arroyo Suzhou, de
gran interés por sus edificios, de
incalculable valor arquitectónico; incluso
algunos se consideran la matriz vital del
auténtico estilo de vida de Shanghai.
A lo largo de la ribera oeste del río
Huangpu, sede de la histórica aduana de
tránsito (Bund), una extensión de alrededor
de dos cuadras frente al agua será demolida
y reconstruida como The essence of the Bund,
museo virtual de la arquitectura oriental.
Cerca se instalará una moderna terminal de
embarque de pasajeros, así como el servicio
de tren comercial más rápido del mundo,
línea de alta velocidad por suspensión
magnética que une el aeropuerto
internacional de Shanghai con la ciudad de
Hangzhou, unas 100 millas al Sudoeste. El
aeropuerto agregará también una segunda
terminal (con diseño futurístico del grupo
Xian Dai) a la terminal original diseñada
por el arquitecto francés Paul Andreu.
Decisión política
Shanghai ya tiene 4000 rascacielos, casi el
doble de Nueva York, y planea agregar 1000
más la próxima década; también construirán
supercarreteras elevadas y se ampliará
enormemente el sistema subterráneo. El
acercamiento de la ciudad a la información
inmobiliaria es atípico, si se lo compara
con otros países. La prensa tiene prohibido
dar información sobre el vínculo entre
funcionarios y urbanistas, e incluso los
planos con los patrones de demolición y
reedificación se mantienen tan ocultos como
si fueran documentos secretos.
Zheng Shiling, decano de la planificación
urbana local, que trabajó duramente por
convencer a los
funcionarios sobre la importancia de la
preservación histórica, explica: A los
funcionarios del gobierno les gusta
promocionarse por sus logros, y eso
significa tener algo para mostrar; por lo
tanto, éste es un proyecto de connotaciones
políticas y no urbanísticas.
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