|
Estética, vanguardia, tecnología. Son todas
palabras que en la nueva generación de
hoteles porteños se traducen en paredes
blancas, muebles sofisticados, pantallas de
plasma y luces cenitales. Los hoteles de
diseño están en expansión: de los 15
emprendimientos que abrieron en 2005 o lo
harán próximamente, ocho son de este tipo.
El dato tiene que ver con una tendencia
mundial y también con la gran producción de
diseño que hay en Buenos Aires, lo que hizo
que la UNESCO la declarara recientemente
Ciudad del Diseño.
En estos hoteles, la estética es parte
fundamental de la propuesta. Y la mayoría
son boutique: pequeños y lujosos. El primer
hotel de diseño porteño fue el Design
Suites, que inauguró en 1999 en Marcelo T.
de Alvear 1683. La pileta detrás del lobby,
visible desde la calle, es su sello.
Su creador fue el arquitecto
Ernesto Goransky, que también compró otro
terreno a escasos diez metros. Goransky,
alejado de la gestión del Design Suites,
abrió con sus sus mismos lineamientos el CE,
en Marcelo T. de Alvear 1695, a mediados de
2005. Los dos, frente al Palacio Pizzurno,
marcan un fuerte contraste con su
academicismo francés. La antigua
arquitectura se descubre además en las
huellas del anterior edificio en la
medianera del CE, que se ven a través del
techo vidriado del lobby. Y el piso, también
de vidrio, deja ver el jacuzzi del subsuelo.
"Los planos de vidrio permiten trabajar la
arquitectura real y la virtual. Y en la
planta baja libre se confunden el espacio
público y el privado, la Ciudad se apropia
del espacio", explica Goransky recostado en
uno de los sillones, que también tienen su
razón de ser. "Los argentinos somos
cariñosos. Por eso los almohadones y las
mantas están hechos en lana de llama y
arpillera de seda, son una invitación a
tocarlos", cuenta.
Es que en estos hoteles ningún detalle es
casual. El hogar del lobby del 725 Buenos
Aires, que el mes próximo se inaugurará en
lo que fue el antiguo Continental, quedó
porque así lo pensó Alejandro Bustillo, el
prestigioso arquitecto que proyectó el hotel
en 1927. "La fachada se respetó y los
interiores se hicieron a nuevo, pero dejamos
elementos antiguos, como el hogar y unas
molduras en la recepción que resaltamos con
una luz especial", dicen Romina Sandá y
Dolores Sylvester, gerente y directora
comercial de este nuevo cinco estrellas,
gerenciado por los mismos inversores que
están remodelando con igual estética el
Nogaró.
Muchos de los huéspedes están ligados al
arte, el cine y la publicidad, o son
empresarios que hacen ellos mismos la
reserva por Internet y buscan lugares
distintos. Además, son muy buscados por los
equipos de filmación que cada vez graban más
comerciales en la Capital. Un mediodía, un
grupo de una productora acaba de hacer el
check in en el Madero by Sofitel, un cinco
estrellas de diseño en Puerto Madero.
Algunos toman un café y otros juegan en un
billar del lobby. Otro espacio muy usado por
los turistas es el health club del último
piso, donde está la pileta rodeada por un
deck de madera, y que tiene una
impresionante vista del dique 1. "Hace un
año que me alojo. Me gusta la modernidad y
la hospitalidad en la atención", dice allí
Alexandre Menezes, un brasileño que trabaja
en telecomunicaciones y viene por trabajo.
Un dique más al norte, la vanguardia
estalla en el Faena Hotel & Universe.
Inaugurado a fines de 2004, lo creó Alan
Faena y lleva la firma del francés Philippe
Starck, uno de los diseñadores más famosos
del mundo. Las habitaciones de estilo
imperio conjugan cortinas de terciopelo,
pisos de lapacho y baños de mármol. El lujo
también desborda en los espacios comunes,
como el restorán El Bistró, que recuerda a
la Belle Epoque con sillones de cuero
blanco. "La propuesta del diseño tiene que
ver con nuestra propuesta del vivir. Es el
respeto por la persona. Si llegás a un lugar
que estéticamente acompañe tu vivir, te
sentís en tu casa. Un lugar inmenso que es
un 'no lugar' no te hace sentir en casa. Lo
más importante era generar un lugar que no
sólo esté inspirado en nuestros valores,
sino que genere una visión de lo que para
nosotros significa Buenos Aires", analiza
Faena. John Smithkline, un huésped europeo,
le da la razón: "Lo elegí porque aquí puedo
conocer la cultura de los argentinos, en el
marco de una arquitectura espectacular".
En otros hoteles, si bien no son
netamente "de diseño", el estilo se ve en
los ambientes despojados con muebles oscuros
y tejidos de colores cálidos, iluminación
estratégica y jarrones de vidrio con lilium
y azucenas. Por ejemplo, el Hilton y el
Regal Pacific, ambos de cinco estrellas y
con una estética ejecutiva y moderna. O
varios de NH, como el Jousten, el City y el
Crillón (en remodelación), edificios
antiguos reciclados a nuevo. "El diseño le
da un plus a un hotel, porque la manera de
presentar pasa a ser una experiencia",
aporta Juan José Cugliandolo, director de
relaciones institucionales de NH.
Como en en estos casos, otros muchos
nuevos hoteles son en realidad reciclajes.
El Regidor se transformó en el Vista Sol, un
ejemplo de vanguardia con barandas de vidrio
y una lucarna que ilumina toda la planta
baja. Y el grupo Fën reabrió el Phoenix como
Esplendor, un modelo que repitió en Calafate
y piensa exportar a Latinoamérica. El hotel,
justamente, busca recuperar el esplendor de
las viejas construcciones porteñas. Y así,
de los pasillos despojados se abre una
puerta de cuatro metros de alto que da a
cada habitación, donde "todo está pensado en
función del diseño y el arte", asegura
Cecilia Timossi, la arquitecta que lo
remodeló. Las ventanas originales de madera
enmarcan la vista del río al fondo de
Córdoba, y unas cortinas caladas en láser
evocan los antiguos visillos. Cada cuarto es
distinto, pero se repiten elementos como las
arañas de tul y voile que imitan un
paraguas, y los respaldos de cuerina de las
camas con una manta tejida.
La fórmula une creatividad y negocio, y
está en expansión. Guillermo Lavallén,
titular de la Asociación de Hoteles de
Turismo, sostiene que "los emprendimientos
en hotelería se están encarando en distintas
direcciones, como design hoteles, boutique y
temáticos, para ofrecer un abanico de
propuestas acorde a los requerimientos de
los huéspedes". Goransky dice que es el
resultado de una nueva generación de
emprendedores, jóvenes profesionales que
"piensan desde lo creativo". El resultado:
diseño argentino de exportación, que los
extranjeros pueden disfrutar como una
atracción turística más.
|